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Solo ven a mirarte

No sé si venías, no lo sé. El espejo reflejaba tu sombra, y como todo lo pone de revés, quizá te ibas… al venir, te alejabas, y quizá cuando veía tu espalda a través del cristal, venías acercándote. Ahora estoy confundida: tu sombra que se aleja me dice ternuras, el reflejo de tu lejanía me deja los crayones de colores oscuros. Quiero la diafanidad de tus ojos de luz, quiero la transparencia de tus palabras. El otro lado del espejo está aguardándome.

No siempre se entra con zapatillas, mejor dicho, nunca se lo hace… el silencio es una alfombra verde, mullida, delicada, quizá un poco de hielo en sus esquinas, frío y temeroso. El silencio coloca sus miembros en la superficie y espera que todo esté calmado y quizá triste. Toma sus agujetas de extrañeza, de nostalgia y de recuerdos y las va hilando para tejer memorias. El silencio es pálido y se maquilla de colores ajenos… Me gusta cuando mira a lo lejos y simplemente observa la paz de las nubes que se deshilan.

CANCIÓN DE HIELO Y FUEGO

Fabiola Díaz Guevara

En una sala de espera, un joven sostiene un libraco, no lo deja ni un instante; apenas levanta de vez en cuando su mirada, solo para confirmar que no está en medio de una batalla, pero debe continuar la lectura: Jaime Lannister  ha sido capturado, se escuchan los estridentes sonidos del hierro contra el hierro, y el suelo de hojarasca del Bosque Susurrante está húmedo de sangre. Este lector es uno entre miles de fanáticos de estas páginas de guerras épicas, escritas por George R.R.Martín, en una saga de novela fantástica titulada Canción de Hielo y Fuego. Estoy siguiendo la fantasía tradicional, una estupenda tradición inaugurada por Tolkien, afirma en alguna entrevista. Desde 1996 que salió a la venta, la obra ha ganado premios a la mejor novela de fantasía (Premio Locus, 1997); a la mejor novela corta, por Sangre de Dragón (Premio Hugo, 1997) y a la mejor novela extranjera (Premio Ignotus, 2003). Cada uno de sus títulos nos impactan: Juego de Tronos, Choque de Reyes, Tormenta de Espadas, Festín de Cuervos, Danza con Dragones, Vientos de Invierno y Un Sueño de Primavera. Los dos últimos títulos aún están en el tintero del escritor, pero los cuatro primeros ya alcanzan un número respetable de más de 3800 páginas.  Los elementos narrativos que atrapan al lector son innumerables: el escritor ha creado un mundo fantástico, dentro del cual todo es posible. Quien ingresa en él, quizá tome partido por tal o cual Casa, la de los Stark con su lema: “Se acerca el Invierno”; la Targaryen y su lema “A sangre y fuego” o de la temible Lannister con su lema: “«Oye mi rugido» o el más común: «Un Lannister siempre paga sus deudas». El escritor ha disfrutado describiendo un mundo en el cual la intriga se viste de gala a cada momento y la seducción o la codicia tienen un espacio estelar.  Alcanzar el dominio absoluto y el poder, sin importar el reguero de muerte y destrucción que se siembre a su paso, es el objetivo del Juego de Tronos. La estructura de la novela permite al lector seguir la pista del personaje de su preferencia: los títulos varían, de acuerdo al punto de vista, así tenemos a Arya Stark, en su aprendizaje a cazar gatos con audacia o a Tyron con sus ingeniosas respuestas, frente a las situaciones peligrosas por las que atraviesa.  Las minuciosas descripciones se han enlazado con la proyección en la pantalla chica: “La cámara tenía una decoración suntuosa. El suelo estaba cubierto de alfombras de Myr, en vez de esteras, y en un rincón había un biombo tallado, procedente de las Islas del Verano, en el que aparecían un centenar de bestias fabulosas pintadas en colores brillantes. De las paredes colgaban tapices de norvos, Qohor y Lys, y una pareja de esfinges valyrias flanqueaban la puerta, con ojos de granates tallados que brillaban en las cabezas de mármol negro” Es Eddard quien ingresa al Consejo, cuando es nombrado Mano del Rey, por el Rey Roberto Baratheon y observa todo el aposento. -¿Quién se sentará finalmente en el Trono de Hierro?- nos preguntamos, y George R.R.Martín afirma sonriente e irónico: “En realidad será un final agridulce”. Mientras llega este momento, nos resta observar que Daenerys sonríe al mirar que sus dragones vuelan cada vez más lejos; que Cercei tiene demasiado frío en el lugar a la que le llevaron sus intrigas… o mejor aún, podríamos ir al bosque a rezar a los Siete dioses o acompañar a Jon Nieve, quien está fortaleciendo el Muro,  porque el cuerno ha sonado tres veces y los Otros se acercan.

fabioladiazg@gmail.com

LA FUGA DE LOS DETECTIVES SALVAJES

Fabiola Díaz Guevara

fabioladiazg@gmail.com

 

 

Un adolescente escarba en una pila de libros, espera que no lo vean para poderlos hurtar fácilmente. Alguien redacta un diario. Una poetiza -Cesárea Tinajero- se ha perdido; los personajes se convierten en detectives, pero en Detectives Salvajes: sin orden ni concierto. A la final la encuentran: es una señora obesa que está junto a otras lavanderas, muere en medio de una balacera, por defender a uno de los protagonistas. ¿Fin de la historia? No. Es el inicio de otra serie de acontecimientos. Una ventana y su diseño con aberturas por todo lado, cierra la obra. Roberto Bolaño nos lanza a esta vorágine de situaciones en su mundo narrativo. Uno de los temas que se percibe es el manejo original del espacio en el cual ubica a sus personajes. Estamos frente a un escritor mexicano de nacionalidad chilena (1953-2003); fundador de un movimiento poético infrarrealista. Es 1998 el año en el cual gana el Premio Herralde de Novela gracias a su obra Los detectives salvajes, por la que también obtuvo el Premio Rómulo Gallegos en 1999.

La construcción del espacio narrativo marca su obra. Nos conduce a lugares que no podemos palpar, ni encerrar entre las palmas; están en las percepciones subjetivas, no tienen asideros. El lector salta de un lugar a otro, como en una inmensa rayuela, en la cual el tejón es lanzado a diestra y siniestra: el jugador deberá compartir su percepción.

En la obra de Bolaño, el espacio es y no es. Existe en la percepción de velocidad y permanece en la sensación de incertidumbre. En cierto momento estamos en un asiento de un Impala, no percibimos espacios geográficos, nos imaginamos a lo lejos una llanura desértica, inhóspita, que pasa a velocidades por fuera de la ventana; el ojo humano quizá capta velozmente solo ciertos puntos, no tiene todo el panorama para apreciar lo mirado, ni para despreciarlo. Estamos y no estamos a la vez, ¿cuánto tiempo dura el vehículo en un espacio determinado? Al concluir los cálculos matemáticos, de acuerdo al dato que nos proporciona algún personaje, llegamos a un número apreciable: recorremos 80 metros en un minuto. ¿Cuánto espacio físico abarca la mirada humana en esta veloz carrera? Se imagina el lector la ciudad a través de las percepciones de los personajes; por tanto, la obra se convierte en una suma de fragmentos que debe ir agregando, superponiendo por momentos, a fin de estructurar un todo.

Los puntos de vista se suceden en más de noventa y seis narraciones. ¿Qué ciudad literaria está imaginando Roberto Bolaño? Cuarenta y cuatro narraciones (45.8% de las 96) se ubican en México y nos permiten percibir ángulos de contraluz, quizá rayos de luz negra, a través de los cuales se percibe a medias el contorno y la forma precisa de los objetos. El resto de narraciones (54,16%) descubre otros contextos geográficos, pero todas ellas nos permiten esbozar -no con certeras pinceladas- el otro lado de la luna en la que los personajes deambulan: sin gravedad.

La obra concluye en Villaviciosa, un lugar que produce asesinos a sangre fría, muy buenos; mientras, Ulises Lima (Roberto Bolaño) y Arturo Belano (Mario Santiago Papasquiaro) siguen a toda velocidad por la autopista buscando las huellas de algún poeta que se identifique con ellos, en una percepción incierta de su existencia. El lector tiene en sus manos un rayo de luz negra: la ventana se ha abierto a medias, sus contornos nos dejan brechas, las luces y las sombras continúan confundiéndonos.

FABIOLA DIAZ G

fabioladiazg@gmail.com

¡SOLO DOS MIL DOSCIENTAS CARILLAS DE IMAGINACIÓN!

 

El viento corre veloz detrás de las febriles imágenes que irradian la mente del lector:Lisbeth Salander y Mikael Blomkvist lo tienen preso en medio de más de dos mil carillas de diálogos y descripciones, un thriller de fonemas. Stieg Larsson sonríe enigmáticamente, sabe que lo ha atrapado:su Millenium es la cárcel más enigmática; pero lo dejará libre: 2.268 carillas después, la puerta se abrirá y deberá salir a la luz de su vida cuotidiana; el lector no quiere traspasar el umbral, ¿qué sucederá en la carilla 2.269?: Lisbeth “…al final se decidió. Abrió la puerta y lo dejó entrar de nuevo en su vida”[1] El lector observa en el vano de la puerta, a Mikael Blomkvist -con su atuendo de periodista varonil y enigmático y entre sus manos la paradoja: libre para seguir cautivado por las imágenes de lo leído. Karl Stig-Erland Larsson (1954-2004) es periodista y escritor sueco. Apenas concluye el tercer manuscrito de su trilogía, lo entrega a la Editorial y las circunstancias poco saludables de su vida personal, nos impiden continuar develando los secretos de la sociedad sueca, venida a menos a través de la mirada perspicaz del novelista.  ¿Por qué nos hemos dejado seducir tan rápidamente? Los títulos, inmediatamente concitan nuestra atención:Los hombres que no amaban a las mujeres, desde el ángulo femenino, acertamos con una versión del mundo que no conoce fronteras; La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina: el fuego nos lleva a imaginar escenas de muerte, pero igualmente de venganza o purificación; La reina en el palacio de las corrientes de aire: ya sabemos que “la reina” no puede ser más que Lisbeth, pero ¿a qué corrientes de aire se refiere? las últimas 854 páginas de la trilogía, nos brindarán respuestas. La corrupción a escalas inimaginables -como aquella que se revuelca en los centros de siquiatría infantil, o la que entinta a todo un sistema judicial- son algunas de las ventanas temáticas a las que Stieg Larsson nos permite acercarnos, para visualizar el contexto de un mundo cuya apariencia podría habernos parecido digna de emulación o envidia:Suecia, país de primer mundo. Los personajes protagonistas tienen su historia en el ideario popular infantil:la célebre Pipi Langstrump, quien se ha transformado en Lisbeth Salander y Kalle Blomquivist, el niño detective, en Mikael Blomkvist. Es Astrid Lindgren, escritora sueca (1907-2002) quien les da vida a través de sus cuentos infantiles. Pipi Calzaslargas es una niña pelirroja, intrépida e independiente, un referente del movimiento feminista de los años 70. Lisbeth Salander constituye una versión actual de la esencia de aquel personaje infantil:con un elevado nivel de conocimientos informáticos, develará el mundo enmarañado de corrupción, del que es víctima; Mikael Blomkvist le va siguiendo los pasos, aceleradamente; en cierto momento se prende una chispa entre los dos: juntos limpiarán un poco el cristal de la sociedad que intenta reflejarlos. Aún queda mucho por reflexionar sobre Millenium y Stieg Larsson. Millones de lectores quieren seguir en la ficción que los ha mantenido cautivos durante horas y horas de lectura. Lisbeth está sentada en su elegante departamento de la calle Lundagatan, tiene la computadora encendida, www.wasp… e inicia una investigación que podría sacudir los cimientos de alguna empresa respetable y señorial; en fin, solo podemos esperar que Mikael publique su hallazgo y nos permita acercarnos a esa vorágine quijotesca.

 

Fabiola Díaz Guevara

fabioladiazg@gmail.com


[1] Larsson, Stieg, La reina en el palacio de las corrientes de aire, Ed.Planeta Colombiana SA, Ediciones Destino, 2009.

MATRIOSKAS EN EL VIENTO

 

El viento puede traernos sombras que esconden tormentas, descubren visiones, arrasan pesadumbres o simplemente cobijan insensatos deseos. “Desgranaban los primeros días del verano de 1945 y caminábamos por las calles de una Barcelona atrapada bajo cielos de ceniza y sol de vapor que se derramaba sobre la Rambla de Santa Mónica en una guirnalda de cobre líquido”.  Así inicia Carlos Ruiz Zafón su novela La Sombra del Viento y el lector se prende al hilo de una historia que no parará de sorprenderlo hasta el final de las siguientes quinientas sesenta y nueve páginas. Si hemos leído con anterioridad el Juego del Ángel, descubriremos inmediatamente el pasadizo escondido en el cual se erige el Cementerio de los Libros Olvidados e identificaremos a Daniel Sempere, hijo de Isabella Segnier y del librero Sempere Junior: estos dos detalles enlazan las obras de Ruiz Zafón y las hacen parte de una saga narrativa. La ciudad de Barcelona es un certero escenario: cuando la postguerra (1945) dibujaba un mundo de quietud, miseria y rencores velados y aquella tristeza muda que sangraba por las paredes de la ciudad herida era el verdadero rostro del alma. El protagonista, un joven con ansias de aventura, Daniel, recorrerá caminos sembrados de señales incomprensibles, de nichos lapidarios, de malévolas pistas, para descubrir  finalmente que el fantasma a quien persigue, vive para erigir piras incendiarias de su propia existencia. Esta sinrazón de historias empieza el día en que el protagonista visita el Cementerio de los Libros Olvidados, de la mano de su padre –en este lugar, los libros que ya nadie recuerda, los libros que se han perdido en el tiempo, viven para siempre, esperando llegar algún día a las manos de un nuevo lector, de un nuevo espíritu- y descubre la obra de un enigmático escritor llamado Julián Carax: “Paso a paso la narración se descomponía en mil historias, como si el relato hubiese penetrado en una galería de espejos y su identidad se escindiera en docenas de reflejos diferentes y al tiempo uno solo”. Son estos espejos que nombra el narrador, los que nos llevan a realidades que no están a la luz, pues producen sombras, aquellas que escapan a la percepción fugaz de nuestros sentidos y nos confunden; y lo que creíamos percibir, no es certero, pues nuestra mirada ha buscado engaños, no certidumbres. Ruiz Zafón engarza personajes que se desenvuelven en un espacio intrigante: un Inspector de Policía, Javier Fumero, quien traza una línea de fuego y violencia y rebasa, más de una vez, el umbral de nuestras emociones; Nuria Monfort busca explicar su propia visión de la historia, pero una neblina cubre sus palabras; Laín Coubert, con sus ojos de fuego y el humo azulado que despide su piel, parece venir de ultratumba; mientras tanto, al fondo, con música de violín y notas de amor prohibido, Julián Carax y Penélope bailan al son de las letras oscuras de una canción diabólica. Ruiz Zafón sujeta la mano del lector y lo lanza a abismos de penumbras, de las que solo podrá escapar en la última línea. Cada libro tiene alma. El alma de quien lo escribió y de quienes lo leyeron y soñaron con él, nos confiesa el escritor. Nosotros, lectores ingenuos e investigadores poco avezados, hemos pasado el umbral, ya no podremos huir de las sombras, ellas están con nosotros y nos perseguirán, mientras El Angel de Brumas entinte la pluma de Boris Laurent y el viento barra sus lágrimas de arena narrativa, para recoger gotas saladas de palabras.

FABIOLA DIAZ GUEVARA

fabioladiazg@gmail.com

JUEGOS, INTRIGAS Y LABERINTOS.

 

Un niño de ojos negros y zapatos lustrosos de charol, una anciana que aparenta candidez, una lápida de piedra grabada con las iniciales de un futuro difunto, aún vivo…son algunas de las intrigas en las que seguimos al personaje protagonista; ingenuos investigadores de universos fabricados con palabras y pasión, tomamos su mano y con ansiedad infantil, corremos con él hacia aparentes destellos de luz que interceptan nuestro camino hacia la probable salida del laberinto. Carlos Ruiz Zafón ha cosechado triunfos desde 1993 con su obra El príncipe de la Niebla. Su obra El Juego del Ángel es parte de la Tetralogía iniciada con La Sombra del Viento. Los elementos de enlace narrativo de sus obras corresponden a un lugar mítico: el Cementerio de los Libros Olvidados, y una librería, Sempere e Hijos. Descubrir el entramado de la obra de Ruiz Zafón, es caminar a tientas en un suelo entintado de palabras, nos vamos manchando al paso, y no sabemos si la próxima esquina de papel nos lleve hacia la clave definitiva o a la confusión más absoluta; de pronto, debemos mirar hacia otro lado, sino resbalaríamos por uno de los tejados humedecidos de una casa antigua y caeríamos irreversiblemente en medio de esos canalones viejos de agua lluvia, hacia un extraño destino. Ruiz Zafón no solo nos ha llevado por su Barcelona antigua, de callejones oscuros, de mansiones escondidas, de historias que se mezclan con sus callejas de piedra; para no perdernos –gracia de escritor o estoque final de la tragedia- nos ha puesto en la mano un ovillo de hilo, para que al irlo deshilvanando, regresemos a nuestra cuotidianidad. Los protagonistas brillan desde diversos ángulos -la luz que nos permite ver el escritor es luz negra, proyecta sombras fantasmagóricas- y se metamorfosean conforme avanza el relato: David Martín es Ignatius B. Samson, quien se asoma a los tejados de su Casa de la Torre –lugar escabroso y pira lapidaria al final- y escucha las historias escalofriantes que solo una ciudad como Barcelona, en sus madrugadas de niebla y oscuridad, le puede contar, para escribir -bajo contrato- su obra La Ciudad de los Malditos; mientras tanto, un espíritu oscuro -carroñera ave de rapiña o Mefistófeles en sus mejores galas- empieza a rondarlo, Andreas Corelli. El hilo salvador no nos es suficiente, aparecen cabos sueltos, debemos cribar nuestras sensaciones, quizás la hiperestesia de un lector avezado nos salva de la sinrazón: nos percatamos que caminamos en la superficie de un lago congelado: se trizará en cualquier momento. ¡Cómo nos gustaría leer las obras que ha escrito David Martín, sus títulos sugestivos nos invitan: La Ciudad de los Malditos, Casa de las Cenizas, Los Pasos del Cielo y la misteriosa obra Lux Aeterna!; pero de ellas el escritor apenas nos revela escasos detalles, nos deja cabos sueltos, intrigas, misterios. “La casa de la torre estaba enterrada en la oscuridad. Ascendí  a tientas los peldaños de la escalinata de piedra hasta llegar al rellano y encontrar la puerta entreabierta. Me adentré unos pasos. Permanecí inmóvil, esperando” Ruiz Zafón deja a los lectores escudriñando ansiosos entre las sombras incompletas de luz negra; quizá deberíamos visitar el Cementerio de los Libros Olvidados, Lux Aeterna debe seguir allí, esperando que algún curioso lector la descubra: el juego de la intriga aún no ha terminado, aún estamos en el laberinto y la luz que percibimos es apenas el brillo engañoso de una hoja de acero.

FABIOLA DIAZ GUEVARA

fabioladiazg@gmail.com