Cuando siento tus manos, sé que eres tú, quien viene a mis sueños cada día, quien hace temblar a mis sentidos y descubre en ellos los caminos más extraños. Se arremolinan mis pensamientos. Discuten airadamente, argumentan mil y un razones insospechadas, luego se rinden. La razón, subyugada a la pasión, descansa y con un rápido movimiento de manos, deja el tema por la paz. La pasión sonríe. Y tú consigues que esta tregua entre la razón y la pasión te conceda el tiempo suficiente para ahogar mis vocales, para eliminarme del desierto del desamor y arrastrarme al oasis del deseo.